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Martes, 09 Julio 2019 09:30

RESEÑA de 'BIENVENIDOS A DIETLAND', libro en el que se basa la serie de AMC.

Escrito por  Publicado en Libros recomendados 2019-2020 , Encadenados Series, sagas y libros

LECTURA MUY ESPECIAL PARA ESTE VERANO


 

Hoy queremos hacer una recomendación muy especial de lectura para este verano. Leer es la mejor manera, sin duda, de no perder el tiempo tomando el sol a la bartola. Nuestra sección de lecturas de verano presenta "Bienvenidos a Dietland", de la escritora estadounidense Sarai Walker. Es un libro que nos ha sorprendido por su fluidez y profundidad de contenido que nos invita a hacer intensas reflexiones sobre la mujer del siglo XXI, cómo los cánones de belleza influyen en la psique humana y cómo el sexo femenino sigue siendo presa de la sociedad machista a pesar de los múltiples "avances" y protestas a los que estamos expuestos.

Es por ello que Plum se somete desde hace años a dietas de adelgazamiento que no surten efecto alguno, mantiénedola en la frustración perpetua de estar siempre a la espera de que Alice haga aparición. Su próximo plan es el de reunir suficiente dinero para someterse a una operación de reducción de estómago que cambiará su vida y le permitirá, en teoría, ser quién ella quiere ser. Es el doloroso testimonio de una persona que pugna continuamente por perseguir un imposible que está en contra de su naturaleza. Es el autosabotaje constante de uno mismo, impidiendo florecer el "yo real".

En la naturaleza existen galgos y pit bulls. Un galgo nunca llegará a pit bull por mucho que lo intente, y viceversa. La forma del cuerpo y la manera de responder a los estímulos están inscritos en el código genético de cada uno. Se puede conseguir mejorar la imagen a base de esfuerzo y sacrificio, pero si la salud no lo requiere, ¿vale realmente la pena dedicar tanta actividad cerebral a una cosa tan efímera como lo es el aspecto físico? Lamentablemente estamos expuestos a mensajes directos e indirectos de las campañas de marketing cuya finalidad no es mejorar nuestras vidas, sino provocarnos frustración y dolor por la consecución de una metas tan imposibles como triviales. Sólo unas palabras le dedicaremos a esta banalidad que tanto dolor provoca.

Para empezar, lo que nos muestran no es real: todo lo que vemos pasa por el colimador del marketing, intentando imponer unos estándares de belleza minoritarios. Segundo, el objetivo del marketing es impulsar las ventas, por lo que la mejor manera de frustar a las mujeres es disparar hacia unos sujetos masculinos. Ejemplo: las campañas de lencería no son para las mujeres sino para los hombres, porque de esa manera logran crear en la mentalidad colectiva masculina un ideal de fémina. Tercero: las mujeres se sienten frustradas, porque si una no cumple con los requisitos impuestos por el marketing y reforzado por los hombres (neandertales), entonces una no es follable.

Preguntas: ¿Qué buscan las mujeres realmente? ¿Acaso no se confunden los objetivos? ¿Las mujeres quieren ser objetos sexuales y ser vistas como unos cuerpos bonitos y punto? ¿Qué pasaría si un hombre se interesa por una mujer únicamente por su físico? ¿Qué es lo que inevitablemente acaba pasando? Las respuestas son claras. Lo hemos visto por pasiva, por activa, en la realidad y en la ficción. Si lo que nos mueve es el continente, siempre habrá uno más apetitoso al que mudarse, sencillamente porque el continente sin contenido acaba hastiando aunque sea lo mejor a lo que, en teoría, se puede aspirar. El helado de chocolate acaba cansando si lo comes todos los días. Es por eso que no podemos dejar que nos venzan estos impulsos que no son ni tan siquiera nuestros, sino una mera construcción social para seguir haciendo girar la rueda del consumo movida por la frustación.

"Daba igual cómo lo llamaras, era lo que yo quería, estar buena, despertar deseo en los hombres y mujeres. Pero me di cuenta de que ya no deseaba eso. Eso me obligaba a vivir en el País de las dietas, lo que implicaba control, opresión (incluso parálisis), pero sobre todo, significaba obediencia. Estaba cansada de ser obediente"

De todo ello deducimos que seguimos bajo el yugo de un modelo social machista donde imperan unas leyes masculinas que siguen afectando y sometiendo a las mujeres. Lo siguiente que nos viene a la mente es: ¿Por qué? ¿Por qué las mujeres aceptan este sometimiento e incluso lo alimentan? ¿Tanta reivindicación feminista para qué, si luego somos incapaces de romper los límites de nuestra propia percepción del cuerpo y de la mente?

La respuesta está en el patrón familiar que nos merma y nos silencia. Las mujeres son educadas para saber estar en sociedad y ser las discretas figurantes de su propia vida. Las hijas son tuteladas por los padres hasta que lo son por sus maridos y, aunque suene arcaico, invitamos a todo aquel que disienta a hacer la reflexión de su propia situación. Las mujeres son programadas para aceptar que el macho es el que debe protegerlas y convertirlas en madres (porque siempre ha sido así en la naturaleza y así lo han apoyado las religiones de las cuales se embeben los fundamentos de la mayor parte de las sociedades), y lo más importante es que las señoras así lo creen porque aceptan esa categoría a la que han sido reducidas. Y, en según qué casos, incluso la imploran. Las madres sobreprotegen a los hijos masculinos, creando verdaderos monstruos egocéntricos, de un ombligismo alarmante. Arribismo demandante de atención que continúa disfrazado de desdeñosa preocupación por las emociones u otros asuntos de las mujeres.

"Porque estoy gorda, sé lo horribles que son todos. Si pareciera una mujer normal, si fuera como tú, entonces nunca sabría lo cruel y superficial que es la gente. Veo un aspecto diferente de la humanidad. Los chicos con los que quedé en las citas a ciegas me trataron como si fuera subhumana. Si yo hubiera sido delgada y guapa, habrían mostrado una actitud distinta, más falsa, pero como soy así, sé cómo son de verdad. (...) Es un superpoder. Puedo ver detrás de sus máscaras, la persona real que hay debajo. No estoy viviendo una mentira como tantas otras mujeres. No me han engañado"

La baja autoestima que se contruye al considerar loca a una mujer cuya iniciativa y pensamientos salen del encorsetado social, las deja desprovistas de herramientas mentales para luchar contra la opresión de los depredadores. Desvalidas e incapaces de auto-afirmarse, se dejan engullir por todo el entramado que las envuelve, ahoga, esclaviza al mismo tiempo que proclama la igualdad y libertad. Es grosero, ofensivo e insultante, y gracias a "Bienvenidos a Dietland" nos damos cuenta de que lo primero que hay que hacer es abrazar nuestra naturaleza real, aceptarla y alimentarla. Una vez se opera este mínimo y tan costoso cambio, el camino sigue su curso y todo se va poniendo en su lugar. Poco a poco la visión de uno mismo cambia, y la percepción de lo que nos envuelve se clarifica. Al afirmar nuestra identidad no nos dejamos humillar ni pisotear por otros. Nadie puede herirnos cuando somos realmente nosotros mismos.

"¿Crees que nos parecemos? En lo importante sí. Somos diferentes y salta a la vista. No podemos esconderlo ni disimularlo. Nunca encajaremos en el ideal de cómo una mujer deber ser o comportarse, pero ¿Por qué va a ser una tragedia? Somos libres para vivir como nos plazca. Es liberador si escoges verlo de esta manera"

Una proclama la propia identidad, el calor de ser uno mismo. Lectura indicada para ellas, pero sobre todo para ellos. Eso si realmente quieren saber "¿en qué piensan las mujeres?"

Si lo quieres saber... ¡atrévete con el libro! Te dejamos un link para que puedas comprarlo fácilmente por Internet y evites las colas, los calores, salir de casa y todas esas cosas tan supérfluas que solo nos hacen perder el tiempo.

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